Liderar hoy es, fundamentalmente, un acto de coherencia: con uno mismo, con los equipos que guiamos y con los sistemas vivos de los que formamos parte. Una coherencia que crea las condiciones para que la vida prospere y para que la sociedad florezca. Quienes están al frente de una pequeña o mediana empresa, quienes dirigen los destinos de una institución pública o quienes impulsan el desarrollo de un territorio comparten un reto extraordinario: generar prosperidad en un momento que nos exige revisar nuestra forma de mirar y de cohabitar el mundo.
A menudo, la conversación sobre la sostenibilidad y la transición económica ha quedado atrapada en un lenguaje puramente técnico, centrada en cumplir normativas o en implementar parches que mitigan el daño pero no transforman la raíz. Sin embargo, en la práctica diaria con organizaciones y gobiernos he comprobado que el verdadero motor del cambio no reside en la tecnología ni en las inversiones, sino en las personas: en la visión y el coraje para dar el salto estratégico que esa transición necesita.
Conviene una precisión desde el inicio. La economía circular —de la que hablaremos mucho aquí— es una vía valiosa, pero es una vía dentro de un horizonte más amplio: el de la regeneración. Cerrar los ciclos de materiales y energía es necesario; no es suficiente. Lo regenerativo aspira a algo más profundo: a que los sistemas económicos, las empresas y los territorios no solo dejen de dañar, sino que activamente revitalicen las condiciones que hacen posible la vida.
Este blog nace precisamente con el propósito de servir de puente entre el rigor de la economía ecológica y la realidad operativa de quienes toman las decisiones.
Mi objetivo es compartir una perspectiva donde los negocios y los territorios dejen de verse como engranajes para empezar a entenderse como ecosistemas vivos. A lo largo de las próximas publicaciones traduciremos esta visión en realidades tangibles a través de:
La transformación hacia modelos verdaderamente regenerativos requiere ciencia, coraje y mucha humanidad. Si estás guiando una reconversión industrial, replanteando el modelo de tu negocio o buscando alinear el desarrollo de tu municipio con la vida, este espacio es para ti.
Bienvenidas y bienvenidos. Empecemos a pensar de otra manera.
A menudo, cuando rediseñamos modelos de negocio o planificamos la transición de un territorio integrando estrategias de circularidad, surge un malentendido limitante. Se aborda la Economía Circular de forma casi exclusiva como una fórmula de ingeniería: optimizar recursos, minimizar residuos y cerrar ciclos de materiales y energía.
Es un primer paso lógico e indispensable. Sin embargo, abordar los retos sistémicos actuales -desde la vulnerabilidad de las cadenas de suministro hasta la degradación de nuestro entorno vital- requiere elevar la mirada. Quedarnos únicamente en el aspecto técnico de los materiales es tener un mapa para el recorrido al que le falta algo esencial: el propósito del viaje.
Desde la perspectiva de la Economía Ecológica, la circularidad no es un fin en sí mismo, sino una palanca regenerativa. Esto significa que el necesario cierre de los ciclos de materia y energía debe ir irremediablemente entrelazado con una dimensión social profunda. La interconexión entre el bienestar integral y las condiciones del entorno que lo hacen posible es la verdadera clave del cambio, y el factor principal de esta ecuación son las personas.
Para una pequeña o mediana empresa, esto trasciende el simple cumplimiento normativo. Significa replantear su rol en el entorno, transformando las relaciones con proveedores, clientes y la comunidad local en un ecosistema de valor compartido. Para un decisor público o institucional, implica dejar de diseñar políticas ambientales aisladas y comenzar a orquestar marcos donde la innovación, la inversión y la participación converjan para revitalizar el territorio.
No bastan los incentivos fiscales ni las innovaciones tecnológicas si no transformamos nuestra manera de entender el desarrollo. Las estrategias regenerativas exigen una visión transdisciplinar.
Por ello, es imperativo integrar esa visión transdisciplinar y regenerativa en la educación, teniendo en cuenta los sistemas naturales que soportan la vida y la capacidad de generar prosperidad.
Esa mirada es fundamental en todos los espacios de decisión, desde los consejos de administración hasta las mesas de planificación municipal. Solo así podremos involucrarnos de forma colaborativa en la restauración de los cimientos de la economía, la sociedad y la vida.
Cada gerente, cada emprendedora con propósito y cada funcionario público tiene en sus manos la capacidad de identificar, facilitar y potenciar esta transición. El objetivo ya no es únicamente hacer menos daño o ser marginalmente más eficientes; el verdadero desafío es co-crear las condiciones para generar prosperidad inclusiva y duradera.
Si deseas profundizar en cómo replantear estas bases y descubrir el marco conceptual de esta transformación, te invito a leer mi artículo completo, «Economía Circular: una palanca regenerativa para el Desarrollo Sostenible», publicado en el último número de la revista Petroglifos.
A veces, para entender verdaderamente el poder transformador de la Economía Circular, el mejor camino es viajar al corazón de la práctica empresarial. Hoy quiero compartirles una historia real de regeneración protagonizada por una empresa que tuve el profundo honor de mentorizar en 2022, en el marco de los Premios Verdes: Bucarretes.
Liderada por Nancy Jaimes y Giovany Patiño, y ubicada en Santander (Colombia), esta PYME opera en un sector muy específico: la fabricación de empaques industriales de madera, en especial esos inmensos carretes utilizados para enrollar cables de energía y telecomunicaciones. El destino tradicional de estos materiales, al terminar su ciclo de vida, solía ser el desperdicio.
Pero Nancy y Giovany decidieron reescribir la historia de sus materiales apostando por la ciencia y la innovación. No se conformaron con alargar la vida de los carretes, reparándolos o restaurándolos. Pronto desarrollaron un sistema constructivo innovador utilizando las enormes tapas de esos carretes y las partes de estibas que ya no podían repararse para dar vida a cabañas, campamentos y oficinas, e incluso una escuela para la comunidad. Esta genialidad técnica no se quedó en una simple buena idea; el sistema constructivo se formalizó como una patente registrada, demostrando que la circularidad en las PYMES exige y produce rigor tecnológico.
Este mismo espíritu los llevó a ir aún más lejos, esta vez hacia la raíz de su industria. Constituidos como Sociedad BIC (Beneficio e Interés Colectivo) y avalados como Negocio Verde, buscaron abastecerse de especies maderables nativas provenientes de sistemas agroforestales locales. Aquí destaca el uso del «Tambor», un árbol autóctono que crece tres veces más rápido que el pino comercial y con un impacto excepcional en la fijación de CO2.
Sin embargo, el Tambor arrastraba un desafío técnico: históricamente era considerado una madera de muy difícil utilización. Fue el talento científico y la perseverancia de Giovany los que lograron descifrar el reto al crear una nueva técnica de secado específica para esta especie. Este avance vanguardista se convirtió en la segunda patente registrada de la empresa, abriendo una nueva frontera para el uso de maderas nativas.
Aquí es donde me permito introducir la esencia conceptual que guía mi trabajo y que esta empresa encarna a la perfección: las empresas verdaderamente prósperas solo existen cuando construyen comunidades florecientes a su alrededor.
Y para Bucarretes, esa comunidad comienza en casa, en ese bosque en el que están sus raíces. Detrás de las patentes y la maquinaria hay un equipo humano profundamente cuidado. Han apostado decididamente por invertir en el bienestar y el desarrollo constante de su gente, entendiendo que cualquier proceso regenerativo hacia el exterior debe nacer de un entorno de trabajo sano y enriquecedor en el interior.
Esa visión sistémica que une la innovación tecnológica patentada, el enfoque sistémico basado en la forma de conducir labores agrícolas en las comunidades indígenas de Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia: “en Minga”, desarrollando competencias del talento humano, y el ir más allá de la protección del territorio hacia la regeneración de todo el socio-ecosistema los consagró como rotundos ganadores de la categoría de Economía Circular en la novena edición de los Premios Verdes.
El caso de Bucarretes materializa una realidad innegable: transformar nuestros modelos productivos requiere liderazgo, ciencia y mucha humanidad. Es la prueba tangible de que rediseñar los negocios para que la sociedad, las personas y la naturaleza prosperen al mismo tiempo no es una utopía; es, sin duda, la decisión más inteligente.
Si te pido que visualices un polígono industrial tradicional, es muy probable que tu mente proyecte una imagen predecible: asfalto, naves impersonales, algunas deterioradas, calor asfixiante y un entorno diseñado exclusivamente para el flujo de camiones y mercancías. Es el triunfo arquitectónico del modelo económico lineal; espacios pensados para maximizar la transacción y minimizar la permanencia.
Ahora, imagina que en medio de ese paisaje industrial en Molina de Segura (Murcia), decides hacerte una pregunta incómoda: ¿Y si nuestro espacio de trabajo no fuera una simple caja para producir, sino un ecosistema para prosperar?
Esa es la pregunta que materializa la sede de Vrío, una empresa de movilidad y logística que decidió romper los esquemas del diseño corporativo convencional. Diseñado por el estudio Santa-Cruz Arquitectura, este edificio -recientemente premiado como la mejor obra de nueva planta en la Región- no es solo un hito estético; es una clase magistral sobre la habilidad más transformadora del liderazgo actual: la capacidad de pensar diferente y de forma sistémica.
Lo fascinante del caso de la sede de Vrío es que sus creadores no se conformaron con la versión «maquillada» de la sostenibilidad (poner paneles solares sobre un diseño deficiente). Fueron a la raíz del problema, aplicando un pensamiento regenerativo que altera profundamente la relación entre el negocio, las personas y el territorio.
Veamos cómo «pensar diferente» se traduce en decisiones físicas:
Este nivel de innovación no surge de optimizar lo que ya existe, sino de cambiar el paradigma desde el cual observamos el problema. Como planteo a menudo, la transición hacia una verdadera Economía Circular y Regenerativa exige abandonar el pensamiento fragmentado.
Los líderes detrás de decisiones como las que tomaron en estudio Santa-Cruz Arquitectura para crear esta edificación de vanguardia comprenden que la empresa no termina en la puerta de la oficina. Saben que la salud de su equipo es inseparable de la calidad del aire que respiran, y que la resiliencia de un negocio está íntimamente ligada a la salud del territorio que ocupa. Han dejado de gestionar partes aisladas para empezar a orquestar sistemas complejos de manera sencilla, integrando más vida, más valor, más interconexión.
Para el funcionario público que está zonificando la próxima ampliación urbana, o para la gerente que planea la expansión de su PYME: el caso de la sede de Vrío demuestra que no estamos condenados a repetir los modelos del pasado.
Liderar hoy requiere el coraje de cuestionar lo «normal» y la visión para invertir en lo sistémico. Acompañar a las organizaciones y a los territorios en este salto evolutivo es el núcleo de mi trabajo, porque estoy convencida de que cuando cambiamos nuestra forma de pensar, transformamos nuestra forma de habitar el mundo o de tomar decisiones. Y cuando transformamos el mundo que habitamos, todo empieza a florecer.