La economía circular contribuye al Desarrollo Sostenible.

Desde mucho antes de la publicación del famoso informe Brundtland que popularizó el término desarrollo sostenible, ya muchos ecologistas y economistas advertían sobre la imposibilidad de mantener un crecimiento constante de las actividades productivas como aún se pretende. Sin embargo, esas advertencias sonaban a pesimismo y se desestimaron.

Ahora que muchas de las consecuencias ambientales, sociales y económicas de esa búsqueda obsesiva de crecimiento,se han agudizado y se han convertido en alto riesgo de pérdidas económicas, es cuando se están volviendo a rescatar planteamientos que tenían al menos cincuenta años en el olvido.

Uno de ellos es la idea de Kenneth E. Boulding publicada en 1966 con relación a la necesidad de rediseñar el flujo de materiales en la empresa de manera circular, procurando que se adaptaran a los ciclos de los ecosistemas. En su opinión, ese era el modelo de una economía en la que la tecnología se debería orientar a mantener las existencias de recursos y energía; lo que en si mismo representaba una ganancia para la empresa.

Pero hasta ahora no se había entendido ese planteamiento. Hemos tenido que llegar a un contexto de volatilidad del precio de las materias primas y agotamiento o disminución de la disponibilidad de ciertos recursos, alteración del equilibrio de los ciclos biogeoquímicos del planeta, para darnos cuenta que evidentemente el ritmo de consumo y los patrones de producción de bienes y servicios necesitan ser rediseñados.

Lo mejor es que estamos comprendiendo también que ello no necesariamente tiene que significar un gasto para la empresa sino una oportunidad de incrementar sus beneficios, mejorar su desempeño ambiental, estimular el talento innovador, reforzar las relaciones con sus clientes y proveedores, contribuir a la regeneración de los ecosistemas, etc. Es lo que M. Porter llama, generar valor compartido.

El flujo de materias y energías ha sido estudiado desde muchas perspectivas por varias corrientes de pensamiento. Destacan por ejemplo la ecología industrial , el diseño regenerativo de John T. Lyle, la simbiosis industrial, el concepto de Cradle to Cradle (análisis del ciclo de vida del producto de la cuna a la cuna) que se opone a la linealidad preponderante en el sistema productivo tradicional. Walter Stahel y Genevieve Reday (1976) también han propuesto una economía en círculos o ciclos, advirtiendo sobre el gran potencial de generación de empleo que ello implica, mientras se ahorra en recursos y se disminuye la generación de residuos.

La Economía Circular se inspira precisamente en esos planteamientos, logrando una gran aceptación en el ámbito empresarial, gubernamental y no gubernamental, académico e intergubernamental como se evidencia en los pasos que están dando desde emprendedores, pequeñas empresas y grandes corporaciones, así como regiones, países e incluso Unión Europea.

La Economía Circular constituye una oportunidad para hacer mejor uso de los recursos de la empresa, tanto humanos como materiales, aunque es sobre estos últimos en los que se hace énfasis. Al rediseñar el sistema productivo se busca que los productos y los materiales se mantengan circulando el mayor tiempo posible, preservando su valor o incluso incrementándose el valor de lo que hasta ahora hemos considerado como residuos.

Ello ha derivado en el concepto de Resource Stewarship, que se traduce como la adecuada gestión o custodia de los recursos. Mientras que las famosas Rs de reducir, reutilizar y reciclar se multiplican para dar paso a una gama más amplia de opciones, sobre las que conversaremos otro día.

La Fundación Ellen Mac Arthur es la entidad más influyente en materia de Economía Circular con potentes ejemplos reales de empresas conocidas y productos de conocimiento que se están distribuyendo a nivel mundial.

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Su diagrama ha pasado a ser una herramienta fundamental para explicar en qué consiste ese rediseño industrial que se plantea como opción para disminuir los riegos e incrementar los beneficios en términos económicos, ambientales y sociales.

Esto es lo que hace que se considere que al darle una perspectiva positiva, de generación de valor compartido para que el sector productivo tuviese una mayor receptividad a los cambios necesarios. Era una de las piezas que estaba faltando en el enfoque del desarrollo sostenible para poder impulsar transformación de los patrones de producción y consumo.

No obstante, es preciso reforzar el aspecto social de la economía circular que no se circunscribe a la generación de empleo ni al rol de los recursos humanos en las actividades que se desarrollan en el ámbito industrial o mercantil. El talento de las personas es lo que genera innovación en todos los ámbitos.

Es necesario destacar también,que para que la economía circular contribuya realmente al desarrollo sostenible no puede circunscribirse sólo a un país o región. El desarrollo sostenible ha de ser global o no será; lo que implica que existen muchas posibilidades de introducir los principios de la economía circular en la cooperación internacional, donde podría generar también oportunidades de negocios y valor compartido.